Huelga general en España, 29-M.

Hoy salí de casa a disfrutar un poco de Barcelona y también con un poco de curiosidad social sobre la Huelga General y manifestaciones a las que convocaron los principales sindicatos nacionales de España. Sin duda un gran éxito, yo diría que cerca del 80% de los locales cerrados, incluso los de inmigrantes, en su gran mayoría las personas apoyando con todo el paro nacional. 

El metro abrió unicamente de 6am a 9:30am y de 5pm-9:00pm, servicios mínimos en toda la ciudad, vuelos cancelados y carreteras bloqueadas. Manifestaciones que empezaron con cerca de una hora de atraso por la gran cantidad de personas que llegaron. Lamentablemente hubo algunos disturbios provocados por jóvenes al quemar contenedores de basura y romper algunos cristales de bancos y establecimientos.

La Huelga General se ha convocado como respuesta a las medidas de ajuste del gobierno español para cumplir con lo establecido por la UE, que sufre una crisis económica severa, y en particular como respuesta a la reforma laboral que, a decir de los sindicatos, termina con muchos de sus derechos consagrados.

Lo que en realidad me llama la atención es la manera en que la sociedad en general, sea parte o no de alguno de estos sindicatos, respalda la iniciativa de paro general promovida por estas organizaciones. Es evidente que las personas se sienten representadas por sus líderes sindicales, que estas organizaciones laborales han tenido un papel fundamental en la defensa de los derechos de los trabajadores y que siempre se han alineado con los intereses de la sociedad en general y no únicamente de unas cuantas personas que los dirigen.

Es inevitable para mi pensar en México cuando veo esto. Creo que si los líderes sindicales del país aprendieran un poco, tan sólo un poco, de los líderes sindicales de estas tierras, los movimientos en defensa de los derechos de los trabajadores serían mucho más fuertes, y sus demandas serían adoptadas como demandas de la sociedad. Sin embargo, con líderes que sólo benefician a unos pocos y sindicatos que no les importa tener o no la simpatía de la sociedad, la sociedad y sus demandas están condenadas a la nula unidad, lo que por supuesto las hace débiles de raíz.